Miércoles, 22 de septiembre de 2004
La gran diferencia entre vivir en una ciudad o un pueblo
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Personal
Desde nuestro queridísimo Manolo Escobar, hasta seguramente nuestros padres, todos han alabado siempre la tranquilidad de la vida en el pueblo.
Yo, desafortunadamente, (y ya veréis por qué digo desafortunadamente), vivo en uno desde que nací hasta día de hoy, que por fin me he podido marchar (por motivo de estudios), y creo que he desperdiciado (como suena), en él 20 años de mi vida.
Cuando vives en un lugar como llamémoslo X , (que puede que cuente con más de 20.000 habitantes, pero a mi modo de ver, sigue siendo un pueblo por mucho que se empeñen en darle el título de ciudad, mal que le pese a la emperatriz Isabel, que se le concedió), y luego sales a una ciudad grande relativamente, te das cuenta de todas las cosas a las que no has tenido acceso, que entre otras son:
- Mayor posibilidad de encontrar a personas afines a ti y que te acompañen
en actividades que te gusta realizar.
- Oferta mucho más cuantiosa de tiendas y de productos a precios más
económicos, (sobre todo en el terreno de la informática.)
- Posibilidad de acceder a Internet, televisión, radio, etc., con muchos más
proveedores.
- Infinidad de lugares por los que pasear, sitios donde ir a comer, cines a
donde ir...
- Lo más seguro es que seas un perfecto desconocido para la gente que te
cruces si sales a la calle y no has quedado con nadie, así que no te sientes
incómodamente observado, ni en la necesidad de tener que ir diciendo "hola",
"y "buenos días", a todo bicho viviente que te cruces.
- No tienes por qué preocuparte de la vida de nadie, y nadie se preocupa por
la tuya. Te puedes encontrar a un meticón, pero al menos en mi caso, ya no están las vecinas maleducadas que me preguntaban cosas personales
descaradamente y a las que me veía tentado de responder con un bufido, algo
así como: ¿Y a ti qué pollas; te importa?
Tal vez con el tiempo le vea algún inconveniente, pero por ahora
todo son ventajas, la gente con la que me relaciono es más abierta, hay una gran
oferta en todo cuanto puedo desear, (y no hablo sólo de cosas materiales), y me
he desecho de viejas lacras que me dificultaban la vida.
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