Jueves, 04 de noviembre de 2004
Hace tres días que no como pan
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Personal
Ya sé que es algo muy personal y que en nada puede interesar al resto de los mortales, pero llevo tres días sin comer pan.
No, no me he cambiado a una religión extraña ni me he vuelto alérgico al mismo, sino que, simplemente me da pereza ir a comprarlo.
¿Tan vago eres? ¿Vives en un barrio marginal, y tienes que andar veinte kilómetros a pie para comprarlo? - se preguntaré alguien-. La respuesta es, NO. Tengo una panadería justo debajo de mi casa, y mi piso tiene ascensor, y además, todos los días hago tres cuartos de hora de camino para ir a la facultad, y al volver paso justamente por delante de la susodicha panadería, aunque siempre olvidándome de llegar.
El auténtico motivo por el que llevo tanto tiempo sin comer pan, (una
plusmarca personal), es porque no hay nada que me motive a hacerlo.
Si voy a la facultad, tal vez me encuentre con algún compañero, puedo ir contemplando el pasaje, el bonito campus universitario, gente que sube, baja, autobuses llenos de estudiantes (que yo nunca cojo); y un largo etcétera... Entonces... ¿qué puede pasarte cuando vas a comprar el plan?
No puede pasarte nada, como mucho, que te encuentres con algún vecino en el ascensor con el que intercambies un breve saludo o un par de miradas furtivas... ¿Y en la panadería? La misma señora, con idéntico vestido, (espero que sea porque tiene muchos iguales). Todos los días me dedica el mismo saludo... Me mira, con una expresión que pareciera querer decir "vamos, no tengo todo el día", mientras, (supongo que ya me conoce), antes de que haya terminado de contarle qué quiero, ya me está metiendo la barra en una bolsa. La barra de pan, siempre cuesta los mismos 45 céntimos, que procuro tener sueltos, cosa que casi nunca consigo.
Al irme, por más que me empeño en decir adiós, nunca me ha respondido nada. ¿Será porque como ya tiene mis 45 céntimos ya ha perdido el interés por mí? ¿Soy como una cáscara de naranja exprimida en ese momento? Sólo conseguí que se despidiera de mí en una ocasión en que no había nadie más en la panadería, la miré con firmeza a los ojos, y con voz contundente y quizá demasiado elevada, casi vociferé: "Hasta mañana".
Por todo esto... ¿Quién querría ir a comprar pan? Yo no, desde luego, ya que no tengo ningún aliciente.
Las comidas últimamente me saben peor, todo hay que decirlo... Sin embargo, citando al primer jipi, el archiconocido Jesucristo:
No sólo de pan vive el hombre.
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